Tienes que publicar y no te gusta investigar: el mínimo viable

En breve

Publicar cuando no te interesa investigar se hace acotando qué parte es tuya. Tres decisiones no se delegan: la pregunta (solo tú sabes qué duda de tu servicio cuesta decisiones), el diseño (a quién comparas con quién, en qué ventana y con qué variable principal) y qué significa el resultado en la consulta. Todo lo demás se delega sin problema ético: limpiar la base, ejecutar el análisis, calcular tamaños del efecto con su intervalo, montar las tablas en APA 7, dar el formato de la revista y redactar la parte técnica de la respuesta a los revisores, siempre que la contribución conste como coautoría o agradecimiento según los criterios del ICMJE. El mínimo viable no es un artículo malo: es un artículo honesto que contesta una pregunta pequeña con datos que tu servicio ya genera, en el que tú pones el juicio clínico y otro pone la ejecución.

Te piden una publicación para cerrar la residencia, dos para la acreditación o un output antes del contrato, y no tienes el menor interés en investigar. No es pereza y no hace falta disimularlo: eres bueno en lo tuyo, tu tiempo se va en pacientes y el artículo es un requisito administrativo que decidió otro. El problema práctico no es la falta de ganas, es que nadie te ha dicho dónde empieza y dónde acaba tu parte. Sin esa frontera solo quedan dos malas salidas: dejarlo todo en manos de un tercero y firmar algo que no puedes defender en una sesión, o intentar aprender estadística en un mes que no tienes. Hay una tercera, y consiste en saber exactamente qué tres decisiones son tuyas.

El mínimo viable no es un artículo malo

«Mínimo viable» aquí significa el artículo más pequeño que contesta con honestidad una pregunta real usando datos que tu servicio ya genera. Una serie de casos bien descrita, una comparación retrospectiva entre dos pautas, la validación de un cuestionario en tu población, un estudio de concordancia entre dos observadores. Ninguno de esos necesita financiación, ni un ensayo, ni dos años. Necesitan una pregunta acotada, un diseño que aguante y una discusión que no prometa más de lo que enseña.

Lo que no es: trocear un estudio en cuatro para sacar cuatro artículos, rebuscar en la base hasta que algo cae por debajo de .05 y escribir la hipótesis después, o comprar una firma en un texto que no has leído. Lo último tiene mercado propio y conviene saber en qué se distingue una fábrica de tesis de un consultor estadístico: la diferencia no está en el precio ni en quién teclea, está en quién toma las decisiones y quién puede defenderlas delante de un revisor.

La ventaja del mínimo viable es que concentra tu tiempo en la parte que nadie más puede hacer. Con el paquete de datos limpio, entre seis y ocho horas tuyas repartidas en varias semanas suelen bastar para dejar listo un artículo que puedes enviar a una revista indexada. El resto es ejecución y espera, y ninguna de las dos cosas tiene que salir de tu agenda.

La pregunta es tuya y ningún estadístico te la puede escribir

Un estadístico sabe qué contraste corresponde a un diseño. Lo que no puede saber es qué duda de tu servicio cuesta decisiones cada semana. Esa asimetría explica por qué los artículos encargados enteros salen genéricos: alguien de fuera terminó eligiendo la pregunta que los datos permitían contestar, en vez de la que valía la pena contestar. Y una pregunta mediocre no se arregla luego con un modelo mejor.

Una pregunta merece un artículo si cumple dos condiciones. La primera es que la respuesta cambiaría algo de lo que haces; si imaginas el resultado en las dos direcciones y te da igual, no es una pregunta, es un ejercicio. La segunda es que no esté ya cerrada en la guía que consultas a diario. Ese doble filtro lo aplicas en cinco minutos y descarta la mayor parte de las ideas que se te ocurren, que es exactamente lo que quieres que haga.

La pregunta que sobrevive se escribe en una línea con cuatro huecos: en [qué pacientes], ¿[qué comparación] se relaciona con [qué desenlace, medido con qué instrumento] a [qué plazo]? Un ejemplo de una unidad de dolor: «En pacientes con dolor lumbar crónico atendidos entre 2023 y 2025, ¿los que empezaron con la pauta A difieren de los que empezaron con la B en la escala numérica del dolor a los tres meses?». Escribir esa frase cuesta veinte minutos y decide todo lo que viene detrás.

Fíjate en lo que no aparece ahí: ningún nombre de prueba estadística. El contraste se deduce del diseño y del tipo de variable, y esa deducción sí es delegable; de hecho está resuelta en la guía de cómo elegir el test estadístico. Llegar con el test decidido y la pregunta borrosa es el orden inverso, y es el que produce análisis impecables que no contestan nada.

El diseño también es tuyo, y es donde se pierden los artículos

Los rechazos de artículos clínicos casi nunca vienen por el test. Vienen por una comparación que no se sostiene: los pacientes que recibieron la pauta B eran los más graves, precisamente porque por eso se la pusieron. Se llama confusión por indicación y no hay análisis que la arregle si la variable de gravedad no está recogida. Quien conoce esa trampa eres tú, no quien ejecuta el análisis: es información clínica disfrazada de problema metodológico.

Por eso el diseño se escribe antes de mirar los datos, en un folio: a quién incluyes, a quién dejas fuera, en qué ventana de fechas, cuál es la variable principal (una sola) y qué haces con los perdidos. Ese folio es lo único que separa un análisis confirmatorio de una pesca, y es lo primero que te va a pedir cualquiera que te ayude. La plantilla completa está en el plan de análisis de datos, y para un artículo clínico se queda en una página.

Falta una comprobación que cuesta cinco minutos y evita meses tirados. Con 70 pacientes en cada brazo, α = .05 a dos colas y una potencia del 80%, tu estudio detecta a partir de d = 0.48; con una desviación típica de 3.1 puntos en la escala numérica del dolor, eso son 1.5 puntos. Con 20 por brazo el mínimo detectable sube a d = 0.91, es decir 2.8 puntos. La diferencia importa porque la convención de relevancia en dolor está en unos 2 puntos o un 30% de reducción (Farrar et al., 2001): el primer diseño puede ver lo que le cambia el día a un paciente y el segundo solo ve lo que ya es enorme. La cuenta la haces tú en la calculadora de tamaño muestral clínico, antes de comprometerte con nada.

Si el número sale mal todavía estás a tiempo de cambiar la pregunta, ampliar la ventana de fechas, juntar dos centros o convertir el trabajo en algo descriptivo y honesto. Cuando los datos ya están recogidos, esa conversación ya no existe: lo único que queda es escribir con cuidado lo que el diseño podía ver.

Qué significa el número: eso no lo escribe nadie más que tú

Supón que el análisis vuelve así: la pauta A baja 0.9 puntos más que la B en la escala numérica del dolor, con una desviación típica de 3.1 y 100 pacientes por grupo. En cifras, d = 0.29, t(198) = 2.05, p = .042, IC 95% [0.01, 0.57]. Es significativo, y hasta ahí llega cualquiera que sepa manejar el software. La pregunta que solo contestas tú es otra: ¿0.9 puntos en esa escala le cambian el día a alguien?

La respuesta convencional es que no. El umbral que se maneja en dolor crónico ronda los 2 puntos o el 30% de reducción, y 0.9 se queda por debajo de la mitad. El intervalo tampoco rescata el hallazgo: su extremo optimista, d = 0.57, son 1.8 puntos, que siguen sin llegar al umbral. Tienes un efecto real, medido con precisión razonable, y clínicamente irrelevante. Las tres cosas a la vez y sin contradicción.

Con eso, la frase de la discusión se escribe sola y aguanta: la diferencia fue estadísticamente significativa pero de una magnitud inferior al cambio mínimo considerado clínicamente relevante en esta escala, por lo que no apoya modificar la pauta de entrada. Un revisor no puede pedirte más, y un lector sabe qué hacer con tu artículo. Nadie de fuera del servicio habría escrito esa frase, porque hace falta saber qué es un punto de esa escala para el paciente que lo dice.

El caso simétrico aparece con la misma frecuencia y confunde más. Una diferencia de 2.2 puntos, por encima del umbral, con 12 pacientes por grupo: d = 0.71, t(22) = 1.74, p = .096, IC 95% [-0.12, 1.53]. La lectura correcta no es «no hay efecto», es «este diseño no podía verlo», y se defiende enseñando el intervalo junto al mínimo detectable que calculaste antes de empezar. Es la misma cuenta de la sección anterior, usada ahora para no tirar a la basura un resultado que merece un estudio mayor.

Lo que se delega entero, y por qué no es hacer trampa

Se delega la ejecución completa: limpiar la base, comprobar supuestos, correr los modelos, calcular los tamaños del efecto con su intervalo, montar las tablas en APA 7, aplicar el formato de la revista, cuadrar las referencias y redactar la parte técnica de la respuesta a los revisores. Nada de eso requiere conocer a tus pacientes, y todo eso te costaría semanas de aprender algo que no vas a volver a usar hasta dentro de tres años.

El criterio ético no es quién tocó el teclado, es el de autoría del ICMJE: contribución sustancial al diseño o al análisis e interpretación, participación en la redacción o en la revisión crítica, aprobación de la versión final y responsabilidad sobre el conjunto. Quien diseña contigo el análisis, lo ejecuta y revisa el borrador suele cumplir los cuatro y va como coautor; quien solo da formato a unas tablas va en agradecimientos. Lo que no cabe es que la contribución no aparezca en ningún sitio. El razonamiento completo está en si es ético contratar a un estadístico.

La línea que no se cruza tiene una prueba práctica de treinta segundos: si no puedes explicarle a un residente de primero, en una frase por punto, qué comparaste, por qué ese contraste y qué significa el número en la consulta, no estás en condiciones de firmar. No hace falta que sepas derivar la fórmula ni programar el modelo. Hace falta que puedas sostenerlo en una sesión clínica y contestar a un revisor sin reenviarle el correo a otra persona.

Esa prueba también protege de un problema muy concreto y muy caro: el revisor que pide un análisis de sensibilidad, un ajuste por covariables o un modelo mixto tres meses después, cuando ya no te acuerdas de nada. Si entendiste el reparto desde el principio sabes a quién llamar y qué pedirle; el detalle de esa situación está en qué hacer cuando un revisor pide un análisis que no dominas.

El paquete que preparas tú y la hora que ahorra tres semanas

La diferencia entre un artículo que sale en seis semanas y uno que se muere en marzo casi siempre está en una hora de preparación que nadie hizo. Quien ejecuta el análisis no puede adivinar qué significa la columna VAR00012 ni si el 999 es un valor perdido o un paciente muy grave, así que pregunta, espera, vuelve a preguntar, y ahí se van las semanas. Esto es lo que hay que dejar cerrado antes de la primera reunión.

La base y el diccionario. Una fila por paciente y una columna por variable, sin celdas de colores, sin filas de totales, sin comentarios dentro de las casillas y sin dos datos en la misma columna. Al lado, un documento de una página con el nombre de cada columna, qué mide, en qué unidad, qué valores admite y cómo está codificado un dato que falta. Es lo que más tiempo ahorra y lo que casi nadie trae.

La pregunta, la variable principal y la decisión. La frase de una línea con sus cuatro huecos, la variable principal marcada como tal (una, no cinco candidatas) y qué harías distinto en consulta según la respuesta. Añade el umbral de relevancia clínica que vas a usar y de dónde lo sacas. Ese dato lo tienes tú y es el que convierte una tabla de resultados en una conclusión.

La revista y lo que exiges de vuelta. Di a dónde va el artículo, porque el formato de tablas, el límite de palabras y la guía de reporte (STROBE para observacionales, CONSORT para ensayos) cambian el trabajo desde el primer día. Y pide siempre lo mismo de vuelta: los supuestos comprobados, los tamaños del efecto con su intervalo, las frases exactas de la sección de resultados en APA 7 y la salida o el código que reproduce cada número. Con eso puedes defender el artículo aunque no lo hayas ejecutado.

Preguntas frecuentes

¿Se puede publicar un artículo si no te gusta investigar?

Sí, y es lo habitual en clínica. La vía es el mínimo viable: una pregunta acotada que se contesta con datos que tu servicio ya genera, un diseño escrito en un folio antes de mirar nada y la ejecución delegada. Con el paquete de datos limpio, tu tiempo real ronda las seis u ocho horas repartidas en varias semanas. Lo que no funciona es intentar aprender estadística y publicar a la vez.

¿Es ético pagar a alguien para que haga el análisis de mi artículo?

Sí, siempre que la contribución conste. El criterio es el del ICMJE: quien diseña contigo el análisis, lo ejecuta y revisa el borrador cumple los cuatro requisitos de autoría y va como coautor; quien solo da formato a las tablas va en agradecimientos. Lo que no es aceptable es que alguien elija la pregunta, interprete por ti y escriba un texto que firmas sin poder defenderlo. Esa es la frontera entre un consultor y una fábrica de artículos.

¿Qué le tengo que llevar a un estadístico para no perder tiempo?

Cinco cosas: la base con una fila por paciente y una columna por variable; un diccionario de una página que explique cada columna, su unidad y el código de los datos perdidos; la pregunta en una frase; la variable principal marcada (una sola); y la revista de destino. Añade el umbral de relevancia clínica que vas a usar. Esa hora de preparación es la que decide si el artículo sale en seis semanas o en seis meses.

¿Cuántos pacientes necesito para publicar un estudio clínico?

Depende del mínimo que quieras poder ver, no de un número mágico. Con 70 por brazo, α = .05 a dos colas y 80% de potencia, detectas a partir de d = 0.48, que con una desviación típica de 3.1 puntos son 1.5 puntos de escala. Con 20 por brazo el mínimo detectable sube a d = 0.91, o sea 2.8 puntos, por encima del cambio que se considera relevante en dolor. Haz esa cuenta antes de recoger, no después.

¿Qué es lo mínimo que tengo que entender de mi propio análisis?

Tres frases: qué comparaste con qué, por qué ese contraste corresponde a ese diseño y qué significa el número en la consulta. Si puedes decirlas en una sesión clínica sin leer, puedes firmar. No hace falta que sepas derivar la fórmula ni programar el modelo; hace falta que puedas contestar a un revisor sin reenviarle el correo a otra persona.

¿Sirve un estudio retrospectivo con datos de la historia clínica?

Sirve, y es la vía más rápida a una publicación honesta, siempre que declares el diseño como lo que es y trates la confusión por indicación. Si los pacientes con la pauta B eran los más graves, necesitas la variable de gravedad recogida o el artículo se cae en revisión. Declara la ventana de fechas, los criterios de inclusión y la variable principal antes de mirar los datos, y sigue la guía STROBE al escribir.

Tienes los datos y no tienes el año

Un artículo clínico se atasca casi siempre en el mismo punto: la pregunta está clara en tu cabeza, la base existe en un Excel del servicio y nadie tiene tiempo de convertir eso en un análisis que aguante una revisión. Esa parte se subcontrata sin perder nada de lo que es tuyo. Tú decides la pregunta, el diseño y qué significa el resultado en la consulta; yo te devuelvo el análisis ejecutado, los tamaños del efecto con su intervalo, las tablas en APA 7 y las frases exactas de la sección de resultados.

Cuéntame qué tienes recogido →

Quédate con el reparto: la pregunta, el diseño y el significado clínico son tuyos y no se delegan nunca; la ejecución, las tablas y el formato son de quien los haga rápido y bien. Si ya tienes los datos recogidos y una fecha encima, o una pregunta que todavía no sabes si aguanta un diseño, eso es exactamente lo que hago en mi consultoría estadística: tú pones la clínica, yo pongo el análisis, y el artículo lo firmas pudiendo defenderlo en cualquier sesión.

Cómo citar esta guía

Ciudad-Fernández, V. (2026, 4 de septiembre). Tienes que publicar y no te gusta investigar: el mínimo viable. Ciudad Science. https://analisisdedatospsicologia.com/blog/tienes-que-publicar-y-no-te-gusta-investigar

Sigue leyendo

Todos los artículos del blog