Qué incluye el Informe Profesional del revisor y qué no

En breve

El Informe Profesional se paga una vez por manuscrito (el precio vigente está en la página de precios) y devuelve cinco bloques: un veredicto editorial (nota de 0 a 10, decisión, y una puntuación separada para introducción, método, análisis, resultados y discusión), los comentarios íntegros de dos revisores simulados —uno del área y un metodólogo— con un editor por encima, un plan de trabajo priorizado con el código para rehacer cada análisis en tu programa, las comprobaciones que hace el código y no un modelo (tus valores p recalculados desde los grados de libertad, los tamaños del efecto contra tu propia F, las referencias una a una contra ocho bases y una lectura de qué se cribaría antes de llegar a un revisor) y dos ficheros para llevarte: el informe en Word y tu manuscrito con cada objeción anclada en el margen. Lo que NO hace cabe en cuatro líneas: no arregla un diseño que ya está recogido, no garantiza que te acepten, no sustituye a tu director y no es revisión por pares —es autoevaluación de tu propio manuscrito antes de enviarlo—. La forma rápida de no creerte esta lista es bajarte el informe de ejemplo entero y mirarlo tú, que es lo que yo haría en tu lugar.

Estás decidiendo si pagas por un informe cuyo contenido no puedes ver hasta después de pagarlo, que es exactamente el problema de todo lo que se vende así. Y hay una asimetría que juega en tu contra: la página de un producto enumera siempre lo que hace y nunca lo que no, así que los límites los descubres al abrirlo, cuando ya has hecho la transferencia mental de «esto me resuelve el envío». Este artículo es la lista completa en los dos sentidos: qué sale en el informe, sección a sección y en el orden en que se lee, y qué no vas a encontrar dentro por mucho que lo busques. El ejemplo está publicado entero y se descarga en Word, así que puedes saltarte el texto y mirarlo; si prefieres la lista antes que el fichero, sigue leyendo.

El veredicto, que es lo primero que se lee

La primera pantalla trae tres cosas juntas. Una nota de 0 a 10 sobre el manuscrito completo, una decisión editorial escrita con las etiquetas que usan las revistas de verdad (desk-rejection, reject, major revisions, minor revisions, accept) y una puntuación separada para introducción, método, análisis, resultados y discusión. Esa segunda fila es la que más gente mira dos veces, y con razón: es perfectamente normal que un manuscrito lleve un 7 de conjunto y un 4 en análisis, y eso te dice dónde está el problema antes de leer una sola crítica.

Debajo va la carta del editor. Prosa larga, del tipo que recibes cuando una revista te contesta en serio, con el razonamiento de por qué la decisión es esa y no otra: no es un resumen de las críticas, es el argumento editorial. Al lado, de dos a cuatro revistas reales donde el manuscrito encajaría tal como está hoy, cada una con su motivo. Y si al subirlo indicaste a qué revista vas, el informe lee tu manuscrito contra el alcance de esa revista, te da un riesgo de desk-rejection alto, medio o bajo, y añade lo que dicen OpenAlex y DOAJ de ella: cuántos trabajos indexa, si es de acceso abierto, si aparece en DOAJ y si cobra por publicar.

Dos avisos que van escritos dentro del propio informe y que repito aquí porque son la clase de matiz que se pierde en una página de ventas. El encaje con la revista es una lectura de tu texto contra el alcance publicado de esa revista, no la respuesta de la revista. Y la nota se enseña de 0 a 10 y sin decimales a propósito: por dentro la escala es de 0 a 100, pero mostrarte un 73,4 sugeriría una precisión que la medida no tiene. Un 7 y un 8 son la misma cosa. Un 4 y un 8 no.

Los dos revisores, enteros

El Profesional trae dos revisores simulados con papeles distintos: uno lee desde tu área sustantiva —marco teórico, hueco en la literatura, contribución, discusión— y el otro es un metodólogo que va a método y análisis. De cada uno sale su bagaje (desde dónde te está leyendo), su valoración general, los comentarios mayores desarrollados en párrafos, los menores y su recomendación al editor. Cada objeción mayor lleva pegada la cita literal de tu texto que la motiva y cómo se resuelve, que es la diferencia entre una crítica y una queja.

Aquí está la frontera concreta con el informe Básico, y conviene decirla sin adornos: el Básico desarrolla un hallazgo del revisor, el que decide la revisión, con su cita y su arreglo, y añade las comprobaciones con código (referencias contra ocho bases, valores p recalculados, cifras que se contradicen). El Profesional trae todas las que encuentren los dos revisores. No te prometo un número, porque el número depende del manuscrito y cualquiera que te lo prometa antes de leerlo se lo está inventando; lo que se promete es el alcance. Además, cada crítica va etiquetada por consecuencia: si te tumba el artículo, si se contesta por carta sin tocar los datos, si es cosmético, o si ya no tiene arreglo porque los datos están recogidos.

Un extracto literal de lo que sale, sacado de un informe real que está publicado entero en la página del ejemplo: «Se comparan los dos países en nueve variables emocionales y de preocupación sin ninguna corrección por comparaciones múltiples, y se destacan las siete que resultan significativas. Con alfa de .05 y nueve contrastes, la probabilidad de al menos un falso positivo ronda el 37 %». Ese es el tipo de objeción que quieres leer tú antes que un revisor: en tu versión todavía se arregla, en la suya ya es una carta con una decisión debajo.

Lo que comprueba el código y no un modelo

Esta es la parte del informe que no puede equivocarse ni a favor ni en contra, y es la razón por la que existe el producto. Cada estadístico de tu texto que lleve una p al lado se vuelve a calcular desde sus grados de libertad. No lo lee un modelo: es aritmética. El informe te marca los que no cuadran y separa dos gravedades distintas, porque no son lo mismo: que la cifra esté mal escrita pero la conclusión no cambie, o que la p que reportas y la que sale del estadístico caigan a distinto lado de .05, que es cuando el resultado del contraste depende de cuál de las dos sea la buena.

Mismo trato para los tamaños del efecto: el eta parcial que reportas sale de tu F y de tus grados de libertad por una identidad, así que o cuadra o no cuadra. El error más frecuente que aparece aquí no es de cálculo, es de columna —copiar el eta cuadrado donde va el eta parcial—, y en cuanto el modelo tiene más de un factor esos dos valores dejan de coincidir: el parcial es siempre el mayor, y la diferencia crece con lo que expliquen los demás efectos. Se añade una tercera cifra que casi nadie reporta y todo revisor pregunta: el efecto más pequeño que tu muestra podía detectar. Si subes tu archivo de resultados, se comprueba además que los análisis estén bien ejecutados y que sus cifras cuadren con lo que dice el texto.

Y las referencias, una a una, contra ocho bases: Crossref, OpenAlex, PubMed, Semantic Scholar, DOAJ, OpenLibrary, Google Books y arXiv, hasta trescientas por informe. Una referencia cuenta como confirmada solo cuando coinciden al menos dos en título y autores; que el DOI resuelva no basta, porque un DOI válido puede estar pegado al artículo equivocado, y ese es justo el fallo que un revisor pilla y tú no. El procedimiento, si te interesa por sí mismo, está contado en cómo comprobar las referencias antes de enviar.

Aquí va el matiz que más me importa de todo el informe. La prosa la escribe un modelo de lenguaje: los comentarios de los revisores y la carta del editor están redactados, no calculados. Lo que ese modelo no puede tocar son los números que tiene alrededor, porque llegan al texto ya cerrados desde el código. Y el informe te dice también qué NO ha podido comprobar y por qué, en vez de callárselo: contrastes que llegan sin grados de libertad, valores p ya corregidos por comparaciones múltiples —que por definición no salen del estadístico—, o un paréntesis que lo mismo son los grados de libertad que la N. Eso no son errores tuyos y aparecen etiquetados como lo que son.

De las críticas al trabajo: plan de acción y reanálisis

Las mismas objeciones de arriba, convertidas en tareas. El plan de acción va priorizado por impacto en la aceptación —crítica, alta, media—, con el esfuerzo que pide cada arreglo y qué desbloquea hacerlo. Es la parte que sirve para repartir trabajo dentro de un grupo, porque no todo lo que un revisor señala vale lo mismo y sin priorizar acabas gastando la semana en lo cosmético. Donde una objeción ya no tiene arreglo porque los datos están recogidos, lo que aparece no es una tarea imposible: es el párrafo de Limitaciones escrito para que lo pegues, que es literalmente lo único que se puede hacer con esa objeción.

El plan de reanálisis es lo que más gente no espera encontrar. Para cada análisis que el revisor pide rehacer, las instrucciones en el programa que tú usas —R, SPSS, jamovi, JASP, Mplus, Stata, MATLAB, G*Power, Python— y el código cuando lo lleva; si el programa se maneja pinchando, en vez de código vienen los menús con sus nombres reales. No es un tutorial genérico de «cómo hacer un ANOVA mixto»: es tu modelo, con tus variables y con la corrección concreta que te están pidiendo.

Después vienen las comprobaciones previas al envío, en el orden en que le pasan a un manuscrito de verdad. La criba editorial: qué te tumbaría antes de que el manuscrito llegue a un revisor, con el riesgo. Qué le falta para estar a nivel Q1, que es la distancia entre lo que tienes y lo que publica una revista de primer cuartil. Y la carta de presentación al editor, redactada desde tu propio texto, con corchetes sin rellenar a propósito en el número de palabras, los conflictos de interés y la financiación: son datos que solo sabes tú y prefiero dejarlos en blanco a inventártelos.

Y una sección que nadie pide y casi todo el mundo necesita: cómo declarar el uso de IA en tu envío. El ICMJE recomienda que las revistas exijan al autor, en el momento del envío, declarar si ha usado tecnologías asistidas por IA en la producción del trabajo, y que los chatbots no figuren como autores porque no pueden responder de la exactitud, la integridad ni la originalidad del trabajo (comprobado en septiembre de 2026). Si pasas tu manuscrito por esta herramienta o por cualquier otra, eso te afecta, y prefiero dártelo redactado que dejarte el problema.

Lo que te queda cuando cierras el navegador

Dos ficheros. El informe completo en Word, y tu propio manuscrito devuelto con la revisión dentro: la carta del editor delante y cada objeción anclada en el margen a la frase exacta que critica. El segundo es el que se reenvía a un coautor, y no es un detalle de formato: leer una crítica pegada al párrafo del que habla no se parece en nada a leer una lista de críticas separada del texto. Los dos llegan también a tu correo, así que no dependes de tener la pestaña abierta.

También te llevas un número de expediente que vive treinta días, que es exactamente lo que se conserva el informe. Va además dentro de tu Word, así que si vuelves a los cuatro meses te sirve el fichero aunque el número ya haya caducado. Cuando tengas la versión corregida vuelves con él y se te dice cuáles de esas objeciones has cerrado y cuáles siguen ahí, con la línea de tu texto nuevo que lo demuestra; ese cruce no cuesta nada. Volver a leer el manuscrito entero es otra ronda completa y se paga como cualquier otra. Digo el precio aquí y no en la letra pequeña porque es lo que convierte esto en dos rondas en lugar de un veredicto, y prefiero que sepas dónde está la línea antes de pagar la primera.

Sobre lo que pasa con tu texto, porque suele ser la pregunta siguiente. En los informes Básicos se procesa y se descarta al terminar. En los Profesionales, mientras se paga, espera cifrado y asociado al pago —hace falta para poder generarlo si cierras el navegador a mitad— un máximo de 24 horas, y se elimina en cuanto se genera el informe; el informe resultante se conserva treinta días para que puedas recuperarlo. Está escrito así en el encargo de tratamiento publicado, con los subencargados nombrados uno a uno. Puedes leerlo antes de subir nada, que es lo que yo te recomendaría con cualquier herramienta a la que le des un manuscrito sin publicar.

Lo que no hace

No arregla un diseño malo. Es el primer límite y el más caro. Si recogiste cuarenta casos por conveniencia sin grupo de comparación, si el instrumento no está validado en tu población, si la variable que explicaría el efecto no la mediste, entonces ningún informe lo arregla: ni este, ni el de un revisor humano, ni el de tu director. Los datos ya están recogidos. Lo único que puede hacer una revisión previa es decírtelo ahora, cuando todavía puedes replantear la pregunta o recortar el alcance de las conclusiones, en vez de dentro de cuatro meses. Eso es mucho, y sigue sin ser lo mismo que arreglarlo. Por eso el informe, en esos casos, te da el párrafo de Limitaciones en vez de una tarea.

No garantiza que te acepten. Nadie puede, y quien lo garantiza está describiendo otro negocio. La decisión la toma un editor humano con criterios que ni tú ni yo controlamos: el ajuste al número, la cola de manuscritos que lleva encima, qué acaba de publicar la revista sobre tu tema y a veces sencillamente cuánto espacio le queda. Lo que hace un informe previo es reducir el número de motivos evitables por los que te pueden rechazar; los otros motivos siguen enteros. Si quieres el reparto real de por qué se rechaza en primer cuartil, está en por qué te rechazan en Q1.

No sustituye a tu director ni a tu tutora. No conoce tu campo por dentro, ni por qué elegiste ese diseño hace dos años, ni la línea que tu grupo lleva quince años construyendo, ni lo que tu departamento espera de ese artículo, ni con quién no te conviene entrar en polémica en la discusión. Puede señalarte que un análisis no sostiene la conclusión que le cuelgas; no puede decirte si la pregunta merecía la pena. Esa conversación sigue siendo con una persona, y si la herramienta te la ahorra, la estás usando mal.

No recalcula lo que solo vive dentro de una tabla. Las tablas del Word entran y los revisores las leen, pero la recomputación trabaja sobre el texto corrido: un resultado partido en celdas puede llegar como «t 48 2.31 .025» y ahí no se reconoce ningún contraste. Si quieres que esa cifra se compruebe, tiene que estar escrita también en los resultados, que además es como pide reportarla la APA. Y un PDF escaneado, cuyas páginas son imágenes, no deja extraer nada en absoluto: sube el Word original.

No comprueba que la cita diga lo que tú dices que dice. La verificación de referencias confirma que el trabajo citado existe y es el que declaras; no confirma que ese trabajo sostenga lo que le atribuyes en tu párrafo. Eso no lo verifica ninguna base de datos ni ningún modelo, y tiene que mirarlo un humano. Ese humano eres tú.

Y no es revisión por pares

Este es el límite importante y por eso va solo. La revisión por pares es un procedimiento con una estructura concreta: hay un editor que lleva tu manuscrito y que elige e invita a los revisores, esos revisores son personas independientes de ti, y su juicio entra en una decisión editorial que tú no controlas. Elsevier lo describe así en su propia página sobre qué es la revisión por pares: el editor que gestiona el manuscrito es el responsable de elegir e invitar a los revisores, y el sistema existe para validar el trabajo académico (comprobado en septiembre de 2026).

Aquí no hay nada de eso. No hay editor, no hay invitación, no hay independencia —lo has encargado tú, sobre tu propio texto, y decides tú qué haces con el resultado— y no hay ninguna decisión que te obligue a nada. Lo que hay es una autoevaluación: tú, sobre tu manuscrito, antes de enviarlo. Que el informe imite el formato de un paquete de revisión (dos revisores numerados, carta del editor, recomendación) es una decisión de presentación, porque ese formato es el que este público sabe leer de un vistazo; no es una afirmación sobre lo que la cosa es.

La distinción no es un tecnicismo para el pie de página. Tiene tres consecuencias prácticas que conviene tener claras antes de pagar: no puedes citar esto como revisión previa en tu carta al editor, no cuenta como revisión externa en ninguna evaluación ni para ninguna acreditación, y si tu revista pregunta por el uso de herramientas de IA, la respuesta es sí y va declarada. Todo lo que este informe puede hacer por ti ocurre antes del envío, nunca dentro del proceso.

Y hay una consecuencia buena, que es el otro lado exacto de la misma moneda: como no es revisión por pares, no gastas ninguna bala. Puedes pasar el manuscrito, corregirlo y volver con el expediente a que te digan qué has cerrado, tantas veces como te haga falta y sin que eso quede en ningún sitio. Un revisor de verdad te lee una vez, dice lo que ve y después hay una decisión que se queda en el historial de la revista. Aquí no hay decisión y no hay historial, y por eso te puedes permitir descubrir el problema del método siendo el manuscrito todavía tuyo.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia exacta con el informe Básico?

El Básico desarrolla un hallazgo del revisor, el que decide, con su cita y su arreglo; te da el veredicto y la nota; cruza tus citas contra tu lista de referencias y comprueba cada referencia contra las ocho bases (hasta 30); y recalcula tus valores p y las cifras que se contradicen. El Profesional añade todas las críticas de los dos revisores, la carta del editor entera, la criba de desk-rejection, las referencias hasta 60, la comprobación de los tamaños del efecto contra tu F y la potencia, el plan de acción priorizado, el reanálisis con código, las revistas donde encaja, la carta de presentación y las dos descargas. Si dudas, pasa antes el Básico: es el mismo manuscrito y la misma tubería, y así compras sabiendo qué te va a llegar.

¿Sirve para una tesis o solo para artículos?

Sirve para las dos cosas: subes el paper o la tesis en Word o PDF. En una tesis la comprobación de referencias suele ser lo que más trabajo te ahorra, porque una bibliografía de doscientas entradas es una tarde entera de comprobar a mano y es donde más se cuelan errores acumulados de años. Lo que cambia es el marco de lectura: a un artículo se le lee pensando en un editor, y a una tesis en un tribunal.

Si el informe dice desk-rejection, ¿tiro el manuscrito?

No, y merece la pena entender qué es esa etiqueta. Un desk-rejection es lo que hace un editor antes de mandar el manuscrito a los revisores, y lo que estás leyendo no es la respuesta de ninguna revista: es la lectura de este informe sobre qué se cribaría, y la tienes ahora, cuando todavía se puede tocar. En la práctica la criba casi siempre se reduce a dos o tres cosas concretas, o a que el destino no era el adecuado. Mira primero la lista de revistas sugeridas antes de reescribir nada.

¿Puedo enseñárselo a mi director o a un coautor?

Sí, y el fichero está pensado para eso. La versión que más circula no es el informe suelto, es tu manuscrito devuelto con cada objeción anclada en el margen a la frase que la provoca: se abre en Word, LibreOffice o Google Docs y se lee como se lee cualquier documento comentado. Un consejo que no me han pedido: si se lo mandas a tu director, dile que es una autoevaluación previa que has pasado tú, no una revisión externa. Es lo que es, y presentarlo como otra cosa te quita credibilidad justo con la persona con la que más falta te hace.

¿Y si una crítica está equivocada?

Pasa, y hay que separar dos casos. Las comprobaciones de código no opinan: si dicen que una p no cuadra con sus grados de libertad, es aritmética y lo que hay que revisar es la cifra. Los comentarios de los revisores los redacta un modelo y sí pueden señalar algo que en tu subcampo se hace de otra manera. Cuando eso ocurre, mi criterio es el siguiente: si un lector especializado ha entendido mal tu párrafo, un revisor real puede entenderlo mal igual, y lo que suele fallar no es el análisis sino que no está explicado. Descarta la crítica si estás seguro, pero mira antes la frase que la disparó.

¿Tengo que declarar en la revista que he usado esto?

Mira la política concreta de tu revista, porque varían, y usa la sección del informe que te lo redacta. La referencia de fondo es el ICMJE, que recomienda que las revistas pidan al autor declarar en el envío si ha usado tecnologías asistidas por IA en la producción del trabajo, y que en ningún caso figure un chatbot como autor porque no puede responder de la exactitud ni de la integridad del trabajo (comprobado en septiembre de 2026). Declararlo no te penaliza; que se descubra sin declarar, sí. Puedes ver cómo queda esa sección en el informe de ejemplo y en los planes.

No te fíes de la lista: abre el informe

Todo lo que acabas de leer se comprueba en diez minutos y sin pagar nada. El informe de ejemplo se descarga entero en Word —decisión editorial, carta del editor, los dos revisores numerados y cada objeción en el margen de un manuscrito real con los coautores retirados—, y al lado están los dos extractos literales de un Informe Profesional de pago para que veas hasta dónde baja el detalle. Ábrelo, busca la sección de la que dudas y decide con el fichero delante en vez de con mi descripción.

Descargar el informe de ejemplo →

Quédate con las dos listas juntas, porque solo valen juntas. Lo que sí: veredicto editorial con la nota por secciones, dos revisores íntegros con cita y arreglo en cada objeción, plan priorizado, reanálisis con código en tu programa, referencias contra ocho bases y tus cifras recalculadas por aritmética, en Word y con tu manuscrito anotado. Lo que no: arreglar un diseño ya recogido, garantizar una aceptación que decide un editor, sustituir a tu director, ni ser revisión por pares. Si al leer la segunda lista piensas que tu problema está justo ahí —el diseño, la pregunta, el análisis que no domina nadie de tu grupo—, eso no lo resuelve ninguna herramienta y sí lo resuelve una conversación: es lo que hago en la consultoría, y solo en psicología y ciencias de la salud.

Cómo citar esta guía

Ciudad-Fernández, V. (2026, 4 de septiembre). Qué incluye el Informe Profesional del revisor y qué no. Ciudad Science. https://analisisdedatospsicologia.com/blog/que-incluye-el-informe-pro-y-que-no

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