El resumen dice 240 participantes, la Tabla 1 suma 228 y la regresión implica 214. Ninguna de las tres tiene por qué estar mal, pero el artículo no explica en ningún sitio de dónde salen las diferencias, y eso es lo que pregunta el revisor.
El resumen. Casi siempre lleva la N de reclutamiento, la más grande, y casi nunca se actualiza cuando el análisis cambia. Es la que más veces se queda desfasada de todo el artículo.
El apartado de participantes. Debería ser la muestra analítica final, con el recorrido desde el reclutamiento hasta ella: quién entró, quién se cayó y por qué.
Las tablas descriptivas. Cada variable puede tener sus propios perdidos, así que aquí la N varía por fila. Es correcto y hay que anotarlo.
Y los grados de libertad de cada análisis. Son la N que se analizó DE VERDAD, porque salen del modelo que se estimó. Ésos no se pueden maquillar, y por eso son el mejor sitio para empezar a mirar.
Con una frase de flujo, no con una tabla nueva. «De los 240 reclutados, 12 no completaron la línea base y 14 tenían perdidos en la variable de resultado, con lo que la muestra analítica fue de 214.» Eso resuelve el 90 % de las preguntas del revisor sobre este punto.
Con la N de cada análisis cuando varía. Basta una columna en la tabla de resultados, o una nota al pie. Lo que no vale es que el lector tenga que deducirla de los grados de libertad.
Y con un diagrama de flujo si el estudio es un ensayo o un seguimiento. En ensayos clínicos CONSORT lo exige, y en observacionales STROBE lo recomienda. Cuando hay varias fases, es la única forma limpia de contarlo.
Porque la pérdida selectiva sesga. Si los 26 que se cayeron eran sistemáticamente distintos —más graves, más jóvenes, con menos adherencia—, la muestra analítica ya no representa a la de partida, y el resultado se lee de otra manera.
Ese es el motivo real de que se pida: no es un control de aritmética, es que el patrón de pérdidas es información sobre la validez del estudio. Por eso la pregunta que sigue siempre es si los que se fueron se parecían a los que se quedaron.
La comprobación hermana, dentro de una sola tabla, está en los grupos contra la N total, y la que parte de los grados de libertad, en los grados de libertad contra la N.
No, es lo normal cuando hay perdidos distintos en cada variable. El error es no decirlo. Un revisor no se molesta porque la N varíe; se molesta porque tiene que deducirlo él.
La de la muestra analítica, la que sostiene los resultados que resumes. Si el reclutamiento fue mayor y la diferencia es relevante, caben las dos en una frase.
Entonces la N analítica es la completa y hay que decir que se imputó, con qué método, cuántas imputaciones y qué variables entraron en el modelo de imputación. Sin esa frase, una N que de pronto vuelve a ser la grande parece un error.
No hay un umbral con respaldo firme; el 5 % y el 20 % que circulan son reglas de dedo. Lo que decide no es la cantidad sino el mecanismo: importa más si los que faltan faltan por una razón relacionada con el resultado.