Llega el correo, lees la primera línea y no hace falta seguir: «lamentamos informarle». Esta vez, a diferencia de un desk rejection, hay informes. Dos o tres revisores han leído tu manuscrito entero y han escrito páginas. Duele más, y es normal que duela, pero esos informes son el material más valioso que has recibido en todo el proceso.
La reacción más habitual y más cara es reenviar el mismo archivo a otra revista esa misma semana, con el formato de referencias cambiado. Es la forma de recibir los mismos comentarios dentro de tres meses. Lo que conviene hacer es otra cosa, y cabe en dos semanas: leer, clasificar, decidir qué se arregla y elegir la siguiente revista con la cabeza fría.
Esta guía te da un orden de trabajo para ese tiempo: cómo leer la carta, cómo separar los comentarios que sostienen el rechazo de los que son opinión, cuándo tiene sentido apelar, qué cambiar antes de reenviar y cómo no regalar a la siguiente revista los mismos motivos.
La primera lectura de un informe de rechazo es una lectura defensiva: ves el tono, los adjetivos, lo injusto. Es mala base para decidir nada. Guarda el correo, no respondas al editor y no toques el manuscrito durante un par de días. Si tienes coautores, reenvíales los informes y pídeles que los lean antes de que hables con ellos: una segunda lectura sin el golpe emocional detecta cosas que la tuya no ve.
Pasados los dos días, vuelve a leer los informes, pero con una tarea: no valorarlos, sino clasificarlos. Estás sacando información de ellos, no discutiendo con quien los escribió. Esa diferencia de actitud es la que separa a quien publica el artículo al segundo intento de quien lo reenvía cinco veces sin cambios.
Antes de clasificar comentarios conviene identificar bien qué te han dicho, porque «rechazado» cubre situaciones muy distintas y las cartas no siempre lo dejan claro.
Haz una hoja con tres columnas y mete cada comentario en una. Es un ejercicio de media tarde que cambia por completo el plan de acción.
Son los comentarios que, si fueran ciertos, invalidan una conclusión o el diseño: una muestra insuficiente para el análisis que haces, un análisis que no responde a la pregunta, un diseño transversal con conclusiones causales, un instrumento sin evidencia de validez en tu población. Si dos revisores coinciden en uno, casi seguro que está aquí. Estos puntos no se arreglan con una frase: hay que reanalizar, reencuadrar o asumir una limitación explícita. Son los que más probablemente vuelvas a ver en otra revista.
Lo que está mal explicado, mal reportado o mal presentado: falta un tamaño del efecto, no se justifica el tamaño muestral, la discusión afirma más de lo que muestran los datos, las referencias están incompletas. Se resuelve con trabajo, a veces con unas horas de análisis, y mejora el artículo con independencia de en qué revista termine. La mayoría de los comentarios de una primera ronda cae aquí.
Preferencias de estilo, sugerencias de citar el trabajo del revisor, comentarios que contradicen a otro revisor, peticiones que cambian el objetivo del estudio. Puedes atenderlos si te convencen, y puedes dejarlos. Lo importante es que no consuman la semana que deberías dedicar a la columna 1. Un manuscrito rechazado por la columna 1 no se salva puliendo la columna 3.
Casi todas las revistas permiten una apelación, y casi todas rechazan casi todas las que reciben. Tiene sentido solo cuando el rechazo se apoya en un error objetivo que puedes demostrar: un revisor que atribuye al artículo algo que no dice, un análisis que ha entendido al revés, un conflicto de interés evidente, un editor que clasificó mal el tipo de estudio. En esos casos, una carta breve, sin adjetivos, con las pruebas, es razonable.
No tiene sentido cuando el desacuerdo es de valoración: que el revisor considere insuficiente la contribución, que prefiera otro análisis, que no le convenza tu marco teórico. Eso es lo que hace un revisor, y una apelación no lo cambia. Las dos semanas que gastarías discutiendo rinden más reforzando el manuscrito.
La regla práctica es sencilla: cualquier comentario de la columna 1 o 2 que un revisor de otra revista pueda volver a hacer, hay que haberlo resuelto antes de reenviar. La comunidad científica es más pequeña de lo que parece, y no es raro que el mismo revisor reciba tu artículo en la revista siguiente. Si has cambiado algo, deja que se note; si has decidido no cambiar algo, ten escrita la razón.
Después de arreglar lo de fondo, revisa lo que cambia al reenviar:
Los informes te dan algo que no tenías cuando elegiste la primera revista: la medida del nivel de exigencia en tu tema. Si los comentarios de la columna 1 eran fuertes, no subas de cuartil; considera un escalón más bajo o una revista más cercana a tu diseño. Si eran casi todos de la columna 2, el manuscrito puede aspirar a un nivel parecido una vez corregido.
Para elegir con criterio, mira los últimos números de cada candidata y comprueba que ha publicado trabajos con tu tipo de diseño, tu tipo de muestra y tu tipo de pregunta. Y verifica que está en una base reconocida: un rechazo se supera, publicar en una revista depredadora no tiene vuelta atrás. Tienes una guía completa sobre cómo elegir la revista y qué dicen los editores del encaje.
Lo que lleve arreglar lo importante, no menos de una semana. Reenviar el mismo archivo al día siguiente solo cambia el logotipo de la revista y te devuelve a los mismos comentarios. Si el rechazo fue por encaje y los informes eran favorables, puedes reenviar antes, con la carta de presentación y el formato adaptados.
No hay obligación de decirlo, salvo que el sistema de envío lo pregunte o que se trate de una transferencia dentro del mismo grupo editorial. Lo que sí es obligatorio es no tener el manuscrito en revisión en dos revistas a la vez. Mientras esperas respuesta, no se envía a otra.
Puedes y debes usarlos como guía de trabajo, pero los informes pertenecen a la revista y no se adjuntan al enviar a otra, salvo en las transferencias internas del mismo grupo editorial. Usa lo que dicen para mejorar el manuscrito y no los cites ni los reproduzcas.
Mira cuál de los dos puntos afecta a una conclusión o al diseño: ese pesa más. Si la contradicción es de estilo o de preferencia, elige lo que convenga al artículo y decide con criterio. Cuando reenvíes a otra revista, lo importante es que lo que quede en el texto tenga una razón que puedas explicar.
No existe un registro compartido entre revistas. Cada editorial ve solo su propio historial, así que un rechazo en una revista no afecta a tus opciones en otra. Lo único que se arrastra es lo que decidas aprender de los informes.
Si el comentario cae en la columna 1, casi siempre sí: es lo que volverá a aparecer en la siguiente revista. Si el análisis pedido cambia el objetivo del estudio o es una preferencia del revisor, no hace falta. Lo que decide es si el comentario puede repetirse y si hace al artículo mejor aunque cambies de revista.