Los objetivos son la parte más corta de un trabajo y la que más lo condiciona. De ellos cuelga el análisis, los resultados, la discusión y las conclusiones: si están mal escritos, todo lo que viene después arrastra el problema. Y suelen estar mal escritos por una razón sencilla: se redactan pronto, antes de saber del todo qué se va a hacer, y no se vuelven a mirar.
Hay un malentendido de partida. Mucha gente mezcla en una sola frase lo que quiere averiguar, lo que va a hacer y lo que espera encontrar, y de ahí salen objetivos que son a la vez vagos y largos. Separar la pregunta, el objetivo y la hipótesis resuelve buena parte del problema, porque cada uno tiene un trabajo distinto.
Esta guía explica en qué se distinguen, cómo se escribe cada uno, qué verbos funcionan y cuáles no, y cómo comprobar que tus objetivos encajan con el análisis y las conclusiones. Vale para un artículo y para una tesis.
Aunque conviven en la misma página, no hacen lo mismo, y conviene tenerlas claras antes de escribir ninguna.
En un artículo suele bastar con el objetivo y las hipótesis, o solo el objetivo si el estudio es exploratorio. La pregunta aparece sobre todo en trabajos cualitativos, en revisiones sistemáticas y en tesis. Lo que no debería faltar nunca es el objetivo, y lo que no debería sobrar es una hipótesis que no puedes contrastar con tus datos.
El objetivo general describe el propósito global del estudio, en una frase. Los específicos lo desglosan en pasos que pueden comprobarse por separado, y juntos deben cubrir el general sin añadir nada que no esté en él. En un artículo de revista, lo normal es un objetivo principal y, como mucho, dos o tres secundarios; en una tesis caben más, pero la regla es la misma: cada objetivo específico debe corresponder a un análisis concreto.
Un ejemplo con la estructura completa. General: «Evaluar la eficacia de un programa breve de reestructuración cognitiva para reducir la ansiedad ante exámenes orales en estudiantes de humanidades». Específicos: «(1) Comparar la ansiedad tras el programa entre el grupo de intervención y el de lista de espera; (2) Examinar si el efecto se mantiene a los tres meses; (3) Explorar si el efecto difiere según el curso académico».
Fíjate en que cada específico anuncia un análisis (una comparación entre grupos, un seguimiento, un efecto de moderación) y que el tercero está marcado como exploratorio. Esa marca importa: un revisor distingue lo que has decidido contrastar de lo que has mirado por curiosidad, y valora que lo digas.
El verbo decide si el objetivo se puede comprobar. Los que funcionan describen una acción cuyo resultado se puede mostrar:
Una buena hipótesis nombra las variables, dice la dirección esperada y puede ser falsa. «La ansiedad influye en el rendimiento» es demasiado vaga: casi cualquier resultado la confirmaría. «A mayor ansiedad ante el examen, menor nota en la prueba oral, controlando por nota previa» dice qué, en qué sentido y con qué control.
Dos cuidados. El primero: escríbelas antes de ver los datos, o declara que se formularon después. Presentar como hipótesis previa un resultado que salió al explorar es lo que se llama HARKing, y los revisores lo detectan por la coherencia excesiva entre introducción y resultados. El segundo: justifica en la introducción por qué esperas esa dirección. Una hipótesis sin apoyo en la literatura parece una apuesta.
Si no tienes una dirección esperada, no inventes una. Un objetivo exploratorio, declarado como tal, es perfectamente legítimo y se lee mejor que una hipótesis forzada.
La forma más rápida de saber si tus objetivos están bien es construir una tabla con una fila por objetivo y cinco columnas: el objetivo, la hipótesis, el análisis que lo contrasta, el resultado donde se informa y la conclusión que se extrae. Si alguna casilla está vacía, hay un problema.
Una casilla de análisis vacía significa un objetivo que el estudio no puede contestar. Una casilla de resultado vacía, un análisis que nunca se informa. Una conclusión sin objetivo, algo que afirmas sin haberlo planteado. Los revisores hacen esta tabla en la cabeza, y los comentarios del tipo «los resultados no responden al objetivo» o «las conclusiones no se derivan de los datos» salen casi siempre de una casilla que estaba vacía.
Haz la tabla al terminar el análisis, y ajusta los objetivos (no los resultados) hasta que cuadre: si uno de los análisis no responde a ningún objetivo, o falta un objetivo que se contesta de verdad, la corrección legítima es reescribir la redacción y declarar qué era confirmatorio y qué exploratorio.
Son seis, y un revisor los reconoce enseguida. Tienes más sobre cómo se enlazan los objetivos con el resto en las guías sobre la introducción y sobre las conclusiones, que deben responder uno por uno a lo que te propusiste.
Pega el final de tu introducción, el párrafo donde enuncias el objetivo general, los específicos y las hipótesis, y verás la primera objeción que le pondría un revisor, con tu frase exacta y lo que haría falta para resolverla. Es la misma lectura que propone esta guía: si cada objetivo se deriva de lo que acabas de exponer, si las hipótesis son contrastables y tienen dirección cuando deberían tenerla, y si lo que prometes cabe en el diseño que vas a describir después.
Devuelve una sola objeción, la que más pesa. Necesita al menos 350 caracteres, así que incluye el párrafo de antecedentes que justifica los objetivos. Lo que pegas no se guarda, y si para decidir algo haría falta ver el método, te lo dice aparte.
Los que se correspondan con un análisis concreto. En un artículo, normalmente uno principal y dos o tres secundarios como mucho; en una tesis, algunos más. Si un objetivo no tiene análisis que lo conteste, sobra.
La pregunta es lo que quieres saber, en forma interrogativa; el objetivo es lo que vas a hacer para contestarla, en infinitivo y con un verbo medible. Dicen lo mismo desde ángulos distintos, y muchos trabajos usan solo uno de los dos.
No. En estudios exploratorios, descriptivos o cualitativos basta con el objetivo. Lo que no conviene es inventar una hipótesis para cumplir con la estructura: un objetivo exploratorio declarado como tal es más honesto y se lee mejor.
Puedes ajustar la redacción para que refleje lo que realmente hiciste, pero tienes que declarar qué se decidió antes y qué después de ver los datos. Presentar un resultado exploratorio como si hubiera sido el objetivo desde el principio es HARKing.
Uno que describa una acción cuyo resultado se pueda mostrar: comparar, contrastar, estimar, evaluar, determinar, identificar, examinar. Evita «conocer», «comprender» y «estudiar», que no dicen qué resultado esperas.
Al final de la introducción, como cierre de la justificación, y el mismo contenido se resume en el abstract. En una tesis suelen tener un apartado propio justo después de la introducción o del marco teórico.