¿Tus referencias existen? Comprueba la bibliografía de tu artículo antes de que lo haga el editor

Una referencia que no existe, o que existe con otro título, otros autores o un DOI que lleva a otro trabajo, es de las pocas cosas que hacen que un editor deje de leer. No hace falta que sea inventada por una IA: basta un gestor bibliográfico que importó mal los metadatos, un DOI copiado de la fila de al lado o una cita de memoria. Desde 2023 los editores lo comprueban, y lo comprueban primero.

Previum hace esa comprobación como parte del informe Básico: extrae la lista de referencias de tu manuscrito, busca cada una en ocho bases bibliográficas y le pone un veredicto: confirmada en dos bases o más, en una sola, con el DOI apuntando a otro trabajo, con un DOI que ninguna base reconoce, o sin rastro. Con código, no con un modelo: una referencia no se «recuerda», se busca.

Esta página cuenta qué se comprueba, cómo se lee cada veredicto, qué hacer con cada uno y dónde falla el método (libros, tesis y revistas locales), con las cifras del banco público de citas inventadas por el que pasamos el verificador. Y al final, seis artículos reales ya publicados con su bibliografía comprobada, para que veas la salida antes de subir nada.

Por qué el editor mira las referencias antes que el método

Porque es lo más barato de comprobar y lo más caro de dejar pasar. Verificar un DOI son diez segundos; publicar un artículo con una cita fabricada es una corrección, o una retractación, con el nombre de la revista en ella. Desde que los modelos de lenguaje empezaron a redactar bibliografías plausibles, muchas revistas han añadido una comprobación de referencias a la criba editorial, y algunas la hacen antes de asignar revisores.

El problema no es solo la IA. Walters y Wilder (2023) pidieron a dos modelos de lenguaje 84 textos académicos y comprobaron a mano sus 636 citas: 195 eran inventadas. Pero de las 441 reales, 60 llevaban algún dato mal (autores, título, año o revista). Ese segundo grupo es el que más se parece a lo que hay en un manuscrito normal: trabajos que existen, citados con errores que un gestor bibliográfico arrastra durante años.

Y hay un tercer caso que un editor tampoco perdona: el DOI que existe, pero lleva a otro artículo. Suele venir de copiar una fila de más en la hoja de cálculo, y es indistinguible de una invención hasta que alguien pulsa el enlace.

Walters y Wilder (2023). Fabrication and errors in the bibliographic citations generated by ChatGPT. Scientific Reports.

Qué hace Previum con tu lista de referencias

Al subir el manuscrito, Previum localiza el apartado de referencias (el último encabezado «Referencias», «References» o «Bibliografía») y separa cada entrada. De cada una extrae autores, año, título y DOI si lo hay, y la busca en ocho bases, en este orden: Crossref, OpenAlex, PubMed, Semantic Scholar, DOAJ, OpenLibrary, Google Books y arXiv. Las cuatro primeras cubren casi todo lo que se publica en revistas; las cuatro últimas existen para libros, revistas de acceso abierto pequeñas y preprints.

Para dar una referencia por confirmada hacen falta dos bases que coincidan en título y autores. Una sola base no basta: hay catálogos que indexan lo que un autor sube a mano, y con una coincidencia no se distingue una cita real de una cita que alguien copió mal en dos sitios. Por eso existe el veredicto «en una sola base»: no es una alarma, es un aviso de que mires tú.

Todo esto son consultas a las bases y comparación de cadenas, sin modelo de lenguaje. El modelo no interviene en decidir si una referencia existe: cuando se le pide eso a un chatbot, lo que hace es recordar, y recordar es justo lo que fabrica citas.

Qué hacer con cada veredicto

Cada referencia sale con su veredicto y las bases que la confirman. El orden que recomiendo para resolver la lista, de más grave a menos:

DOI de otro trabajo y DOI no reconocido

Son las dos que te pueden costar la criba editorial, porque el editor las ve con un clic. Abre el DOI en doi.org: si lleva a otro artículo, busca el DOI correcto del trabajo que citas (Crossref lo da en segundos con título y primer autor) y sustitúyelo; si no resuelve, comprueba carácter a carácter contra la página del artículo, porque un guion cambiado por un punto ya lo rompe. Si el trabajo no tiene DOI, quítalo en vez de dejar uno que no funciona.

Sin rastro

Primero descarta lo obvio: un libro, un capítulo, una tesis, un informe de una agencia o un artículo de una revista regional pueden estar perfectamente bien citados y no aparecer en estas bases. Si es el caso, no toques nada. Si es un artículo de revista indexada y no aparece, busca el título literal en Google Scholar: si tampoco está ahí, es muy probable que la cita venga de un borrador escrito con ayuda de un modelo, y hay que sustituirla por la fuente real que apoye esa frase, o quitar la frase.

En una sola base

Casi siempre es una cita real con un dato mal: un autor de más o de menos, el año de la versión en línea en vez del de la impresa, un título abreviado. Abre la ficha en la base que la encontró y corrige la entrada para que coincida. Es el veredicto que más entradas acumula en un manuscrito normal y el que menos peligro tiene; pero un revisor que compruebe tres al azar y encuentre dos mal empieza a desconfiar del resto.

Confirmada

Nada que hacer con la existencia del trabajo. Lo que el verificador no comprueba es que el trabajo diga lo que tú dices que dice: eso sigue siendo tu responsabilidad, y es la segunda cosa que un revisor experto mira cuando una cita le suena forzada.

Lo que mide el banco público, con sus cifras

Un verificador que dice «comprueba tus referencias» tiene que decir cuánto acierta, y sobre qué. Pasamos el nuestro por las 636 citas del banco de Walters y Wilder, con el resultado de cada cita publicado: caza el 92,3 % de las inventadas y reconoce el 86,4 % de las reales; 88,2 % de aciertos en total, con un 96,2 % de precisión cuando dice que una cita es real.

El 13,6 % de reales que no reconoce tiene una explicación que conviene saber: 60 de las 441 reales del banco llevan algún dato equivocado, y el verificador exige que dos bases coincidan en título y autores, así que las marca. Para el banco cuenta como fallo; para ti es el aviso de que la cita está mal aunque el trabajo exista. Los libros son el punto flaco de verdad: 80,9 % de acierto frente al 94,3 % en artículos, porque las bases de libros se consultan las últimas.

Reviewer3, la herramienta con la que más se nos compara, publica un 98,5 % sobre 476 citas que no detalla. No son cifras comparables sin el mismo banco, y por eso las nuestras van con el JSON cita a cita.

Evidencia: las 636 citas con su etiqueta y nuestro veredicto (JSON) · Reviewer3 vs Previum, medidos en su propio banco

Dónde está en el informe, y qué más lleva

La comprobación va en el informe Básico, con tu cuenta (Google, Microsoft, ORCID o un enlace al correo; vale cualquier correo real). Se comprueban hasta 30 referencias por pasada; el informe completo llega a 60 y añade la auditoría de las que piden acción con la ficha de cada una. Al lado van las otras comprobaciones con código: cada valor p rehecho desde sus grados de libertad, las cifras que no cuadran entre sí (porcentajes contra su fracción, intervalos contra su estimación, el n de la tabla contra el del texto) y el reporte APA 7.

Y, sobre todo, las dos objeciones de fondo que un revisor te pondría primero, con la frase citada y el arreglo. La bibliografía limpia te evita la criba editorial; lo que decide la revisión es el método, y el informe empieza por ahí.

Si quieres ver la salida antes de subir tu manuscrito, hay seis informes sobre artículos reales ya publicados, uno por disciplina, con su bibliografía comprobada tal cual salió: enfermería, fisioterapia, educación, ciencias del deporte, odontología y psicología.

Informe de ejemplo sobre un artículo real de enfermería · Los seis ejemplos por disciplina

Comprueba tu bibliografía aquí

Pega tu lista de referencias, hasta 30, y cada una se busca en Crossref, OpenAlex, PubMed, Semantic Scholar, DOAJ, OpenLibrary, Google Books y arXiv. Una referencia se da por confirmada cuando dos fuentes independientes coinciden en título y autoría; las confirmadas se miran además contra las notas de retractación de Crossref y OpenAlex. Salen aparte los DOI que no reconoce nadie y los que apuntan a otro trabajo, que es el error de copia más frecuente al reordenar una bibliografía.

Que una referencia no aparezca no quiere decir que sea inventada: libros, capítulos y revistas que no están en estas bases caen ahí. Lo que hay que mirar primero son los DOI que no casan y las retractadas. La bibliografía no se guarda.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si una referencia de mi artículo es inventada?

Búscala por el DOI en doi.org y por el título literal en Crossref o Google Scholar. Si el DOI no resuelve o lleva a otro trabajo, y el título no aparece en ninguna base, es casi seguro que viene de un borrador escrito con ayuda de un modelo de lenguaje. Previum hace esa búsqueda por ti en ocho bases y te devuelve cada referencia con su veredicto, en el informe Básico.

¿«Sin rastro» significa que la referencia es falsa?

No. Significa que no aparece en Crossref, OpenAlex, PubMed, Semantic Scholar, DOAJ, OpenLibrary, Google Books ni arXiv. Libros, capítulos, tesis, informes y revistas locales están mal cubiertos por esas bases y pueden estar perfectamente bien citados. El veredicto te dice dónde mirar, no te acusa de nada.

¿Cuántas referencias comprueba y cuánto tarda?

Hasta 30 por pasada en el informe Básico y hasta 60 en el completo, en paralelo; una lista de 30 tarda menos de un minuto. Si tu manuscrito tiene más, se comprueban las primeras y el informe lo dice.

¿Comprueba también que la cita diga lo que yo digo que dice?

No. Comprueba que el trabajo exista tal como lo citas (título, autores, año, DOI). Que apoye la afirmación para la que lo citas sigue siendo cosa tuya; el revisor simulado sí puede objetar una afirmación que no cuadra con lo que se sabe, pero eso es otra parte del informe.

¿Funciona con referencias en Vancouver, APA o numeradas?

Sí. El extractor separa las entradas por número, por autor-año o por línea, y saca título, autores, año y DOI de cada una con independencia del estilo. Lo que sí necesita es que la lista esté en el manuscrito bajo un encabezado de referencias: si pegas solo el cuerpo, no hay nada que comprobar.

¿Se guarda mi manuscrito?

No, tampoco con cuenta: se lee para la revisión y se descarta. Las consultas a las bases llevan la cita, no tu texto. En tu espacio de trabajo queda la revisión, que descargas en Word o PDF, y no sale por correo.

¿Y en qué se diferencia de las otras herramientas?

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