Abres el correo del editor y lees «minor revisions». Es, con diferencia, la mejor decisión que se puede recibir antes de la aceptación. La revista ya ha decidido que quiere tu artículo; lo que queda es una lista de arreglos que el editor considera pequeños. No hay un tercer revisor al acecho ni una ronda entera de análisis nuevos por delante.
Aun así, hay artículos que se caen en este tramo. No porque los cambios sean difíciles, sino porque el autor relaja la guardia: responde con prisa, deja una petición sin contestar o toca una cifra y rompe otra. Cuando eso pasa, el editor tiene que escribir una segunda carta, y esa segunda carta ya no suena a «casi aceptado».
Esta guía explica qué significa exactamente, en qué se distingue de major revisions, qué suelen pedir en esta fase, cómo ordenar la respuesta y qué comprobar antes de reenviar para que la decisión siguiente sea la que esperas.
Es una decisión condicional: la revista aceptará el artículo si haces los cambios que pide. Se la conoce también como «aceptación con revisiones menores» o «accept with minor revisions», y algunas revistas usan «conditional acceptance» para decir lo mismo. En la práctica significa que los revisores y el editor no han encontrado nada que ponga en duda las conclusiones. Han encontrado cosas que mejorar en la redacción, el reporte o la presentación.
Lo que suele estar dentro de esa etiqueta es previsible: aclarar un párrafo del método, añadir un dato descriptivo que falta, corregir la numeración de una tabla, completar una referencia, suavizar una frase de la discusión que dice más de lo que muestran los datos, o añadir una limitación. Son peticiones de edición, no de investigación.
Dos cautelas. La primera: la etiqueta la pone el editor, no la fuerza de cada comentario. Un revisor puede escribir «menor» y pedirte algo que cuesta una semana. Lee los comentarios, no solo la decisión. La segunda: aceptar con cambios menores no es aceptar. Hasta que llega el correo de aceptación formal, la decisión puede cambiar, y lo más habitual es que cambie por culpa de la respuesta del autor.
La diferencia práctica está en qué hace el editor cuando recibes tu versión corregida. Con major revisions, lo normal es que el manuscrito vuelva a los revisores, que pueden pedir otra ronda. Con minor revisions, muchas revistas dejan que el editor decida solo, comparando tu respuesta con la lista de cambios, sin volver a enviarlo a nadie.
Eso cambia el tono de la respuesta. En una segunda ronda con revisores hay que convencer a alguien que puede seguir en desacuerdo. En minor revisions hay que demostrarle a un editor ocupado que has hecho lo que se pedía, que se ve de un vistazo y que no hay nada pendiente. La claridad pesa más que la argumentación.
También cambia el calendario. Los plazos que dan las revistas para minor revisions suelen ser más cortos que para major (a menudo de dos a cuatro semanas, frente a dos o tres meses), y cumplirlos importa: pasarse de fecha convierte una aceptación segura en un reenvío como manuscrito nuevo en algunas revistas. Mira el plazo concreto en el correo y, si lo necesitas, pide una prórroga antes de que venza, no después.
Casi todas las peticiones de minor revisions caen en una de estas cinco familias. Conviene clasificarlas antes de empezar, porque cada una se resuelve de manera distinta y algunas esconden más trabajo del que parece.
Aunque los cambios sean menores, haz la carta de respuesta. Algunos autores creen que basta con subir el archivo corregido; casi todas las revistas piden además un documento que enumere qué se ha hecho. Y aunque no lo pidan, un editor que decide solo agradece una tabla que le ahorre abrir el manuscrito para comprobar cada punto.
La estructura que funciona es la misma que en una ronda larga, pero más corta: cada comentario, copiado literalmente; debajo, tu respuesta en una o dos frases; y la ubicación exacta del cambio, con página y párrafo o con el número de línea si la revista lo numera. Si pegas el comentario tal cual, el editor ve que no has reformulado a tu favor. Si indicas dónde está el cambio, no tiene que buscarlo.
Dos reglas que evitan el rechazo más tonto. Responde a todos los comentarios, también a los que ya te parece que has atendido en otro sitio, aunque sea con «Hecho, véase la página 8». Un punto sin contestar es el motivo número uno por el que una aceptación con cambios menores se convierte en una segunda ronda. Y si no estás de acuerdo con algo, no lo ignores en silencio: explica por qué con una frase educada y una razón, y si puedes, cambia algo del texto que evite el malentendido. Para eso tienes la guía de cómo escribir la carta de respuesta a revisores, que sirve igual con cambios menores.
Comentario del revisor 1: «Por favor, aclare cómo se calculó la puntuación total de la escala y cómo se trataron los ítems sin respuesta».
Respuesta: «Gracias. Hemos añadido en la sección de instrumentos (página 7, párrafo 2) que la puntuación total es la suma de los diez ítems y que se excluyeron los participantes con más de dos ítems en blanco (n = 6). Estos seis casos ya constaban en el diagrama de flujo, que ahora lo indica en el pie».
Son tres frases: agradece sin florituras, dice qué se hizo, dice dónde y deja constancia de que el cambio es coherente con el resto del manuscrito. Es todo lo que necesita un editor para dar el punto por cerrado.
El riesgo de esta fase no son los cambios que haces, sino los que provocas sin querer. Corregir una tabla mueve una media; añadir una limitación hace que la discusión contradiga un párrafo del resumen; rehacer una cifra en el texto y no en el abstract deja dos versiones del mismo número. Un revisor que lee la versión nueva se fija justo en eso, porque es lo único que ha cambiado.
Antes de enviar, repasa esta lista corta:
En el escenario habitual el editor revisa tu respuesta en unos días o pocas semanas y envía la aceptación formal. Después llegan las pruebas de imprenta y, con ellas, la última oportunidad de corregir errores tipográficos; no es el momento de cambiar contenido. Si el editor pide algo más, suele ser puntual y se resuelve en días.
Si algo se tuerce, casi siempre es por una de tres causas: un comentario sin contestar, una cifra que ya no cuadra o un plazo vencido. Las tres se evitan con una hora de revisión final antes de pulsar el botón de envío. Es una hora que rinde más que cualquier otra de todo el proceso.
Significa que la revista tiene intención de aceptar el artículo si haces los cambios. No es una aceptación formal y puede cambiar si tu respuesta deja puntos sin atender o si introduces problemas nuevos al corregir. En la práctica, la gran mayoría de los artículos con minor revisions terminan aceptados cuando el autor responde con cuidado.
Casi siempre sí. Muchas revistas la exigen en el sistema de envío y, aunque no lo hagan, una tabla comentario a comentario es la forma más rápida de que el editor confirme que has hecho todo. Una carta corta, bien ubicada, es suficiente.
Depende de la revista, y lo dice el correo de decisión. Para minor revisions son habituales plazos de dos a cuatro semanas. Si no puedes cumplirlo, pide una prórroga antes de que venza; es una petición normal y casi siempre se concede.
Sí, siempre que lo hagas con una razón y sin ignorarlo. Explica en una frase por qué mantienes tu versión y, si puedes, cambia algo del texto para evitar que otro lector se confunda igual. Lo que no funciona es dejar el comentario sin respuesta.
Con minor revisions es frecuente que no: el editor decide solo comparando tu respuesta con la lista de cambios. Pero no es una regla; algunas revistas envían la versión corregida de nuevo al revisor que pidió cambios más sustanciales. Cuida la respuesta como si fuera a leerla ese revisor.
En que reject and resubmit es un rechazo con la puerta abierta: el manuscrito actual no se acepta, pero la revista estaría dispuesta a mirar una versión muy trabajada. Minor revisions, en cambio, es un sí condicionado a arreglos pequeños. Son decisiones de naturaleza opuesta.