Lees el comentario del revisor 2 y te sube la sangre a la cabeza: ha entendido mal el análisis, pide algo que ya está en el artículo o te corrige con un dato que no es cierto. Escribes mentalmente una respuesta de tres párrafos que no enviarás nunca. Es la parte más difícil de una ronda de revisión, y no por la ciencia: por el tono.
La buena noticia es que casi siempre se puede discrepar y salir ganando. Los editores han visto cientos de cartas de respuesta y reconocen enseguida la que defiende con razones y la que se enfada. La primera suele terminar en aceptación; la segunda, en otra ronda o en el rechazo, aunque tengas razón.
Esta guía te ayuda a decidir si de verdad se equivoca, a escribir la respuesta con cuatro reglas y frases que funcionan, a saber cuándo conviene avisar al editor y a no cometer los errores que más cuestan.
Casi todos los comentarios que parecen erróneos son una de estas tres cosas, y cada una pide una respuesta distinta. Dedica media hora a clasificar antes de escribir una línea.
Es lo más frecuente. Pide un análisis que ya está en la sección de resultados, o interpreta como una limitación algo que presentas como decisión de diseño. Aunque tengas razón, el hecho de que lo haya entendido mal significa que el texto no lo explica con la claridad suficiente. Si un revisor experto, leyendo con atención, no lo ha visto, otros lectores tampoco lo verán. La respuesta correcta no es «ya lo dijimos», sino «gracias, lo hemos hecho más visible» y un cambio real en el manuscrito.
Dos personas competentes pueden elegir dos análisis distintos para la misma pregunta. El revisor prefiere un modelo mixto y tú hiciste un ANOVA de medidas repetidas; él quiere corregir por comparaciones múltiples y tú tienes un único resultado primario preespecificado. Aquí no hay error, hay criterio, y se resuelve con una justificación y, si puedes, con un análisis de sensibilidad que muestre que la conclusión no depende de la elección.
Es lo menos frecuente y lo más delicado: el revisor afirma algo comprobablemente falso, como un dato mal citado de la literatura, una fórmula mal aplicada o una cifra que sí está en el artículo pero en otra tabla. Se responde con la prueba delante y sin victoria: la página, la tabla, la referencia. Y si es posible, con un cambio en el texto que evite el mismo tropiezo a otro lector.
Funcionan igual para un comentario menor que para una objeción de fondo, y son las que más veces separan una respuesta que convence de una que irrita.
No hay fórmulas mágicas, pero sí un registro que los editores reconocen como profesional. Estos son los giros que más se repiten en respuestas bien recibidas:
Evita «el revisor se equivoca», «como ya explicamos claramente», «esto es un malentendido» y cualquier frase que ponga la culpa en la lectura del otro. También las respuestas defensivas de una sola línea («No procede») y las respuestas desproporcionadas: tres páginas para rebatir un comentario menor transmiten más nerviosismo que seguridad. La longitud de la respuesta debe ser proporcional al peso del comentario.
Comentario del revisor 2: «El tamaño muestral (n = 84) es claramente insuficiente para un análisis de mediación. Los autores deberían reconocer que el estudio carece de potencia».
Respuesta que no funciona: «El revisor ignora que realizamos un análisis de potencia a priori. Con todo respeto, creemos que el comentario carece de fundamento».
Respuesta que sí: «Agradecemos el comentario. El tamaño muestral se fijó con una simulación Monte Carlo a priori para el efecto indirecto esperado (descrita en la sección Participantes, página 6), que dio una potencia de .80 con n = 82. Entendemos que ese cálculo no aparecía de forma visible en la versión anterior, por lo que lo hemos movido al primer párrafo de la sección y hemos añadido en la discusión que la potencia solo cubre efectos de tamaño medio (página 14, párrafo 3)».
La segunda respuesta da una razón con datos, localiza el cambio, reconoce el origen del malentendido y añade una limitación honesta. Es mucho más difícil de rebatir, y el revisor no tiene que sentirse equivocado para dar el punto por cerrado.
Casi nunca. La respuesta se dirige a los revisores y el editor la lee entera. Hay tres situaciones en las que conviene decir algo aparte, en la carta al editor y no en la tabla de respuestas: cuando un revisor pide algo que cambia el objetivo del estudio, cuando dos revisores se contradicen en un punto central y no puedes satisfacer a los dos, y cuando hay un comentario con tono o contenido inapropiado. En los tres casos, una frase clara y sin dramatismo basta: el editor sabrá qué hacer.
Deja la carta una noche y relee solo el tono. Si hay una frase que no dirías en una conversación con ese revisor sentado delante, cámbiala. Después, comprueba que cada cambio que prometes está de verdad en el manuscrito, que los números siguen cuadrando donde tocaste algo y que has respondido a todos los puntos, también los que consideras evidentes. Un punto sin contestar pesa más que una discrepancia bien argumentada.
Se puede discrepar, pero con una razón y sin decirlo así. Escribe «respetuosamente discrepamos porque…» y aporta un dato o una referencia. La palabra «equivocado» pone al revisor a la defensiva y no añade información al editor.
No. Tienes que responder a todos, pero no cambiar todo. Puedes mantener tu versión si das una razón convincente y, si puedes, haces algún ajuste que evite el malentendido. Lo que no funciona es ignorar un comentario.
Explica por qué no es aplicable y ofrece una alternativa que responda a la preocupación de fondo. A menudo el revisor está preocupado por algo concreto (el sesgo, la potencia, la multicolinealidad) y se queda satisfecho si ve otro análisis que lo aborda.
Explícalo con claridad en la respuesta, justifica la opción que has elegido y menciona el desacuerdo en la carta al editor. No intentes complacer a los dos con un término medio: el editor prefiere una decisión argumentada.
Sí, el editor decide y puede decirte que un comentario concreto no hace falta atenderlo. Si lo cree necesario, te lo indicará en su carta. Tú, aun así, tienes que responderlo con una razón: no cuentes con esa decisión del editor.
Responde al contenido y deja el tono. Si es inapropiado, señálalo al editor en la carta aparte, en una o dos frases y sin adjetivos. La respuesta que firmas tú tiene que ser la más serena del expediente.